¿Por qué El Triángulo?

Son las 6 de la mañana y recién ha amanecido. El primer pargo del día es un macho de 40,7 centímetros y 768 gramos. Llega en la panga de Jorge Fonseca; pescador nacido en San Juanillo hace 44 años, que lleva 28 buscándose la vida en el mar. Ha pasado ya mucho tiempo desde que probó suerte en playa Coyote. Le gustó tanto que compró un lote y se trajo a la familia. Claro que lo que encontró entonces no tiene nada que ver con lo que ocurre ahora cada vez que sale con la línea o el trasmallo. “Ha habido un cambio muy grande. Esto está bajo, bajo, bajo”, lamenta, anticipando las quejas que después pronunciarán sus compañeros. Todos afectados por una situación que hace que las capturas no den “ni para pagar la gasolina”.

Lucas Cabral e Irene Alvarado  llevan un control de la pesca en su comunidad.

Lucas Cabral y doña … llevan un control de la pesca en su comunidad.

En el bote que encabeza el retorno a la playa viaja también Lucas Cabral, un brasileño que trabaja como observador de PRETOMA. En cuanto pisa la arena saca la canasta con los peces y se da a la tarea de medir y pesar el escaso fruto del turno de madrugada, que inicio antes de las 5am. Otras veces la faena es de 3 a 5:30 de la tarde pero la historia es muy parecida. “La pesca está terrible”, resume este joven experto (27 años) enamorado de Costa Rica desde que llegó para participar en un voluntariado tras licenciarse en la universidad. “La línea es muy cara”, recalca para señalar a continuación una de las tareas pendientes en la comunidad donde ahora ejerce: “Aún hay que mejorar en la concienciación. Tienen que aprender que lo que hoy sucede es consecuencia de un trabajo destructivo en el pasado”. Para ese propósito resulta imprescindible “tener un contacto cercano con ellos; ofrecerles charlas y talleres”.

Ese es el objetivo de Conservación Internacional en el área: comprender el estado actual de las poblaciones de peces comerciales y diseñar un plan de conservación junto con los pescadores. El empeño por una actividad responsable ha calado en muchos y toma forma en el área enmarcada entre las areas protegidas Camaronal y Caletas-Ario, conocida como el triángulo. Una zona que los lugareños aspiran a proteger de barcos camaroneros y palangreros para poder utilizarla de acuerdo a normas orientadas a la preservación de las especies.

Don Amado y su familia

Don Amado y su familia

El proyecto, convertido en prioridad y tema de conversación habitual en la playa de Coyote, ha encontrado un defensor a ultranza en Amado Quirós, el pescador con más solera del lugar, presidente de la asociación ASPEPUCO, y cabeza de una familia dedicada al mar casi por completo. El casi lo pone Amadito, al que su padre alejó del agua en cuanto pudo. Al muchacho le gustaban el anzuelo y la red, pero sus padres prefirieron que hiciera carrera en Informática; profesión, consideran ellos, con mucho más futuro. “Le dije que no, que esto ya apenas da para vivir”, cuenta Amado poco después de saltar a la arena desde la panga en compañía de Luis, su otro hijo. Les espera Irene Alvarado, que tras ayudar a Lucas con las mediciones, se dirige a una caseta próxima a la orilla del estero a palmear unas tortillas para el desayuno de su esposo. Él, mientras tanto, analiza la precaria situación que se vive en la playa: “Ahora estamos muy mal. Uno empieza cada salida con una deuda de 30 o 35.000 colones por el alisto. Hay que pagar el combustible, las baterías, la carnada… Y a veces no sacamos ni para eso”. El triángulo enmarca las esperanzas de muchos, aunque el veterano marino percibe cierta incertidumbre en varios de sus colegas. «Hay algunas dudas», reconoce. Sobre todo porque el proyecto tardará unos años en echar a andar. «Esto no va a ser de hoy para mañana -advierte-, pero el que es pescador de verdad lo es en las buenas y en las malas y tiene que ver el beneficio que al final supondrá para todos».

Una mejoría a la que se refiere Guillermo Chaves, presidente de ASPECOY, la otra asociación de pescadores de la zona. «Es imprescindible sacar de aquí el arrastre. Vienen por camarón y en una semana se llevan lo que los artesanales sacamos en un año». El arrastre se lleva no solo el camarón, si no que arrasa con todo a su paso. Resalta además la escasa capacidad de respuesta de las instituciones ante las prácticas dañinas de algunas grandes compañías, que incluso faenan dentro de las áreas protegidas. Un problema que teme siga vigente cuando se defina el triángulo: «Habrá que frenar a mucha gente».

Esta dificultad sobre el manejo del área la observa también, don Jorge Fonseca, quien acaba de alistarse para la siguiente salida en su panga Zorra, fiel compañera en las faenas de pesca desde hace 15 años. «Aquí hace falta mucho más control -reclama-. La Ley no se ve por ningún lado». Expresado el punto, toma la vereda que abandona la playa y se detiene junto a Ricardo Campos, conocido como Caco, quien es el intermediario y encargado de suministrar alistos y dar salida a la pesca, es quizá el notario ideal para dar fe de los malos tiempos que corren en Coyote y la costa aledaña. 28 años de experiencia son aval suficiente. «Esto va durísimo y ya no se saca ni para comer. Dan ganas de salir corriendo».

¿De dónde cree que viene el problema actual?

Puede que del arrastre; o quizá es la contaminación y el planeta que está diciendo basta.

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