Va de nuevo

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ESCRITO POR MÓNICA NARANJO

Una vez más, el 04 de diciembre del 2016, una delegación científica zarpó rumbo al Parque Nacional Isla del Coco. Dieciocho expertos salieron desde Puntarenas para dar continuidad al trabajo que Conservación Internacional ha apoyado en este sitio Patrimonio de la Humanidad durante los últimos 12 años. En un proyecto desarrollado en conjunto con el CIMAR de la Universidad de Costa Rica, científicos especializados en diversos campos de la biología marina se han dedicado a evaluar el estado de salud de los ecosistemas submarinos de la isla.

Treinta y seis horas son necesarias para llegar hasta ella, y aunque la planificación de la expedición había iniciado varios meses atrás, la travesía fue dedicada a la finalización de los preparativos. Todos los integrantes recibieron instrucciones de seguridad, se informaron sobre los protocolos de trabajo, prepararon sus equipos de buceo y se familiarizaron con la embarcación y su tripulación.

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Diez días bajo el agua

Trescientas diez inmersiones. Ese fue el total acumulado por el equipo de profesionales. La suma de los minutos que estos pasaron bajo el agua daría como resultado más de diez días, día y noche, de trabajo científico sin pausa. Edgardo Ochoa, oficial de Conservación Internacional a cargo de la seguridad de los buzos en esta expedición a la remota isla oceánica, estima que por cada hora de buceo se producen alrededor de siete días de trabajo de laboratorio una vez en tierra. A ello hay que agregarle la producción de artículos científicos, de estrategias de divulgación del conocimiento producido y del desarrollo de mejores estrategias de manejo de los recursos marinos basadas en lo aprendido. El esfuerzo requerido para hacer posible una expedición como esta es considerable, razón por la cual siempre se busca optimizar el tiempo invertido y la información recolectada.

Evaluar el estado de las poblaciones de peces pelágicos era el principal objetivo. Paralelamente, también se dio seguimiento al monitoreo de la condición de salud de los ecosistemas de arrecifes que rodean la isla. Ambos análisis han sido el fundamento de todas las expediciones que Conservación Internacional y el CIMAR-UCR han realizado hasta el momento. Tras crear una línea base creada años atrás, cada vez que los científicos regresan a este laboratorio natural aprovechan la oportunidad de estimar cambios en estos ecosistemas y relacionarlos con la influencia de distintos factores como por ejemplo los fenómenos de El Niño o la implementación de medidas de protección en el parque.

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Sin desperdicio

Pero mientras los científicos sobrepasaban los diez días respirando bajo el agua, hicieron más que mirar el pasado y compararlo con el estado actual. Cada vez que visitan la isla, aprovechan cualquier oportunidad para examinar nuevos ambientes o poner en práctica nuevos experimentos. Esta expedición no fue la excepción.

El tapete algal, la acidificación del agua, la ecología de los erizos diadema, la fauna que cae sobre los arrecifes y hasta el comportamiento de los depredadores tope fueron investigaciones que también formaron parte de esta empresa de diez días incesantes. Todas ellas, nunca antes realizadas en esta área marina protegida.

El trabajo apenas empieza. Los expertos han regresado ahora a tierra, con sus maletas llenas de muestras esperando ser procesadas como parte del inacabable esfuerzo por descifrar el funcionamiento de uno de los ecosistemas más productivos del planeta: los arrecifes de coral. A la espera de volver a desinflar sus chalecos para descender sobre unos de los mejores sitios de buceo del mundo, estos científicos sin duda tienen suficiente para mantenerse ocupados.

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