Pulau Mantanani: paraíso plástico

Escrito por Xurxo Fernández, periodista en La Voz de Galicia
Parecía un paraíso...

Parecía un paraíso…

Muy temprano, antes de que lleguen las lanchas llenas de turistas, un chico descalzo y descamisado empuja la carretilla por la arena. Se detiene y comienza a recoger con el rastrillo la basura que quedó acumulada del día anterior, subiendo en zigzag hacia el comedor al aire libre. Cumple con esmero la rutinaria tarea de limpiar de desperdicios todo el acceso al hotel, de unos diez metros de ancho. El tramo es corto, así que enseguida da por concluida la faena y abandona por un costado los límites del sendero imaginario. Se aleja unos cuantos pasos y dirige su carretillo hacia el mar.

Cuando la primera rueda toca el agua, cristalina, el chico vuelca sin disimulo todo el contenido. Las botellas, los envoltorios, los restos de comida, hasta una sandalia rota, permanecen juntos unos instantes antes de separarse en función de su flotabilidad. La mayoría del plástico vuelve a la orilla, pero ya lejos de la vista del visitante. Al menos, de las decenas de aficionados al buceo que apenas pasarán medio día en la isla, con el tiempo justo para almorzar entre las inmersiones programadas, antes de volver a sus casas.

Unos pocos, sin embargo, se quedarán esa noche a dormir en las cabañas que han habilitado las agencias de viaje, y al atardecer caminarán hacia el muelle del pequeño pueblo pesquero, a un kilómetro en dirección oeste, para contemplar la espectacular puesta de sol.

Un breve paseo por la isla deparaba una imagen preocupante

Un breve paseo por la isla deparaba una imagen preocupante

El paseo les deparará un triste recorrido por el vertedero en el que se ha convertido Pulau Mantanani; esta pequeña isla del mar de China, en la región malaya de Sabah. Atracción turística de referencia por su fauna subacuática, en la que abundan los peces de colores y donde los más afortunados pueden topar también alguna tortuga en busca de comida. Para disfrutar con total comodidad la inmersión, basta con no reparar en la basura que se mezcla con el coral; la que la corriente no ha logrado devolver al pedazo de tierra transformado en símbolo de la catástrofe ambiental urdida por el hombre.

Un ser humano que aquí convive, en sus distintas versiones de edad y género, con los desechos; con el plástico que acabará inevitablemente integrado en la cadena alimenticia después de que los peces lo ingieran, reducido a micropartículas. Un plástico indestructible convertido en gravísimo problema ambiental contra el que un puñado de países desarrollados han iniciado una batalla difícil de ganar.

Hasta el ganado consume el plástico

Hasta el ganado consume el plástico

La cruzada no ha llegado a la diminuta Mantanani, ni a la gigantesca y espectacular isla de Borneo, donde proliferan, a pequeña y gran escala, las prácticas destructivas para el ecosistema. Las otrora grandes extensiones de bosque primario están siendo reemplazadas por plantaciones de palmeras de las que extraer aceite. Colonizadas por una especie invasiva que inutiliza el suelo sobre el que se asienta e impide el crecimiento de otro tipo de flora. Los orangutanes se han convertido en las víctimas más visibles de la deforestación, privados de su hábitat y relegados a pequeños cotos para la observación turística.

Objetivo fotográfico de los mismos visitantes que diariamente contemplan la puesta de sol desde este malecón; rodeados de niños que chapotean entre basura, convertida en juguete o improvisado flotador, y vacas que recorren playas cubiertas de desperdicios en busca de comida. Los animales, eso sí, pasan de largo al llegar al pedazo de arenal que cada mañana es rastrillado con esmero en ese absurdo intento de ocultar la vergüenza bajo la transparente alfombra del mar de China.

Al atardecer, los niños utilizan la basura flotante como juguetes

Al atardecer, los niños utilizan la basura flotante como juguete

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