Larga Vida al Martillo

En el lugar que otros queques reservan para la figura de un superhéroe o de un dibujo animado, lucía la imagen de un escualo en el del primer cumpleaños de Ámbar. Símbolo de la fusión entre la vida personal y profesional de Illena Zanella y Andrés López. Padres de la pequeña Ámbar y de Misión Tiburón.

Conservación Internacional se cruzó enseguida en el camino de la pareja. A Marco Quesada, director de Conservación Internacional Costa Rica, ya lo conocían por su vínculo con la agrupación que preside Randall Arauz. Fue él quien les comentó la posibilidad de un proyecto con tiburones martillo que habría que desarrollar en Golfo Dulce.

“No teníamos ni idea de la importancia del sitio”, apunta este dúo convertido en ONG. No tardaron en percatarse de que estaban ante una zona clave para la especie, objeto de un estudio transformado en proyecto innovador de suma importancia para la región. “Hasta entonces, los esfuerzos siempre se habían enfocado en áreas oceánicas y nosotros nos enfocamos en la costa”, explican.

Pese a que para ellos pudiese suponer una sorpresa en su momento, Golfo Dulce ya tiene historia en el terreno de la conservación. Desde siempre ha habido mucho interés de agrupaciones conservacionistas en la zona, y fue la segunda Área Marina de Pesca Responsable creada en el país.

El primer paso de Misión Tiburón en alianza con Conservación Internacional fue elaborar un análisis del conocimiento ecológico tradicional de los pescadores y la gente del lugar. Mediante una serie de entrevistas, supieron que los tiburones martillo, especialmente los juveniles de esta especie, no eran unos extraños para los lugareños. En los talleres pudieron acotar incluso zonas que la gente del mar señalaba como claves para la especie. Con la lista en la mano, dio comienzo la segunda fase: la de confirmación a través de viajes de observación a bordo con pescadores de las comunidades de Puerto Jiménez y Pavones. Durante año y medio se identificaron con GPS de forma científica las áreas de mayor importancia y la abundancia de las especies de interés.

Fotografía cortesía de Misión Tiburón

Paralelamente, se iniciaron las tareas de marcaje. Como no hay comienzo fácil, en este caso las marcas iniciales fueron unos testigos que donó la Universidad de Costa Rica. El sistema tenía fecha de caducidad: las etiquetas se soltaban a los tres o cuatro meses. Fue por esto que Conservación Internacional destinó fondos para un marcaje acústico en los sitios de mayor abundancia de tiburones. Hoy, seis receptores en el fondo marino perciben la señal del transmisor que va en el animal en un radio de 500 metros.

Esta vía permitió analizar los movimientos y la fidelidad de los tiburones a la zona. El resultado fue sorprendente: los individuos marcados permanecían largo tiempo en los lugares identificados. Mucho más que lo detectado en un área de gran importancia como el de las islas Galápagos. Además, se determinó junio y julio como la época del año donde hay una mayor abundancia de juveniles, de lo que se deduce que las hembras adultas vienen a dar a luz en esa temporada. La conclusión fue inmediata: era necesario proteger la zona durante esa temporada.

“Identificamos por primera vez un área de cría del tiburón martillo en el Pacífico Oriental Tropical. No se había descrito otra. Ahora, con las comunidades tenemos que poner en valor la importancia de esa área no solo para Costa Rica, sino para toda la región. Los tiburones martillo son migratorios y ya se ha comprobado una conexión entre las islas oceánicas; la idea ahora es extender esa comprobación hasta Golfo Dulce para reafirmar la zona como área de cría”. Ese es el objetivo número uno del proyecto.

Lograrlo sería un paso fundamental para empezar a cambiar la percepción del lugar, tanto por parte de las comunidades como de la Administración. “Ahora, con el nuevo ordenamiento pesquero, es muy difícil plantear una protección efectiva para la especie. Sin embargo, en Golfo Dulce sí se pueden crear unos cambios y marcar diferencias. Y ojalá luego podamos extenderlo a otras zonas que lleguemos a identificar”.

Como parte de un comienzo esperanzador, el proyecto se presentó ante la Comisión de Seguimiento del Area Marina de Pesca Responsable. No todo lo recomendado se incluyó en la propuesta de ordenamiento debido principalmente a la búsqueda del equilibrio con la opinión y capacidad de las comunidades pesqueras, pero sí se hizo referencia al estudio y se pidió evaluar las opciones. Quedó fijado en el plan de ordenamiento actual. “Es un paso que se reconozca a ese nivel que hay un estudio sobre la vulnerabilidad”, aplauden. Y es que, insisten, “la gente piensa que el mayor impacto contra los tiburones martillo es en las islas oceánicas, pero la realidad es que el mayor impacto se produce en la costa, donde no se están haciendo los esfuerzos necesarios”.

El proceso burocrático es un mal necesario para esta pareja con un sueño muy definido: “Nuestro objetivo es pasar cada vez más tiempo en el mar. Tener menos trabajos de informes y más en el mar. Al ser tan pequeños estamos en una lucha constante para buscar fondos. Siempre viendo a ver cuál es la fecha límite de tal organización o tal otro fondo. Eso no te deja trabajar libremente”. “Cuándo llegará un multimillonario que nos quiera financiar”, lanza ella entre risas.

Pero Misión Tiburón es más que las charlas a pescadores, las inmersiones, y el trabajo político. Illena y Andrés han entendido la necesidad de sentar las bases para el futuro y decidido invertir esfuerzos en quienes a la larga 

deberán perpetuar lo que ahora comienza. Han desarrollado una actividad de educación ambiental para niños. Arrancaron con dudas, pero cuatro años después, la iniciativa ha resultado un éxito. Sus charlas, siempre acompañadas de juegos didácticos, atraen a los pequeños, que empiezan a familiarizarse bien pronto con la especie a proteger. La mascota de la ONG acapara además atenciones y cariño en cada escuela que visita. Seguro que dentro de poco le llegará el turno a la de Ámbar. Ella entonces podrá presumir de traer la lección bien aprendida en casa.

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