La Pared Verde

Escrito por Mónika Naranjo González
Indonesia ha tenido que aprender sobre la importancia de los manglares de una forma muy dura. Hoy existen varios proyectos de recuperación de este ecosistema. Foto por Conservation International

Indonesia ha tenido que aprender sobre la importancia de los manglares de una forma muy dura. Hoy existen varios proyectos de recuperación de este ecosistema. Foto por Conservation International

Todo empezó durante una enorme sequía en Indonesia. Las turberas (un tipo de humedal) comenzaron a arder. La enorme cantidad de material orgánico en el suelo ardió también y extendió el desastre, los incendios no pudieron ser controlados durante meses. En medio de la emergencia un nuevo conocimiento cobró relevancia: la relación entre estos ecosistemas y el cambio climático.

En ese escenario Miguel Cifuentes comenzó a aprender sobre la conexión entre las pérdidas de manglar y sustratos orgánicos, y la liberación de su dióxido de carbono almacenado.

Los bosques de manglar guardan en sus árboles y en el suelo enormes cantidades de dióxido de carbono y gases de efecto invernadero. Al destruirlos, estos gases son liberados a la atmósfera, contribuyendo al cambio climático. Al conservarlos, en cambio, se contribuye a mitigar el calentamiento global.

Miguel comenzó a preguntar y se dio cuenta de que nadie había realizado ese tipo de investigación en Centroamérica. Y si contamos con que estos ecosistemas únicamente se encuentran en las zonas tropicales y subtropicales de nuestro planeta, nuestra región cobra especial importancia. Decidió impulsar esta investigación y enfrentar lo que él mismo describe como una misteriosa pared verde: “Ves los bosques de mangle de lejos pero al desembarcar son otra cosa. Lo que hay detrás de esa pared verde es un misterio.”

El misterio

El Humedal Nacional Térraba-Sierpe, en Costa Rica, fue el punto de inicio. Miguel, que hasta el momento había trabajado solo en bosques terrestres, enfrentó el calor, el lodo, los mosquitos, los cocodrilos y el vacío de conocimiento. Y encontró su pasión.

En ese momento la metodología empleada para calcular la cantidad de carbono almacenado en el bosque apenas estaba siendo desarrollada. Hoy en día es un método establecido y aceptado a nivel internacional. Aún así, Miguel concede que todavía hay mucho que desconocemos, pero este es casualmente uno sus aspectos favoritos al trabajar con manglares:

Con la camiseta puesta

El conocimiento se está colectando, pero mientras tanto la cobertura de manglares se  ha reducido en un 36% en las últimas dos décadas a nivel mundial. Y el mundo se sigue calentando. Eso sin mencionar todo lo demás que perdemos cuando deforestamos manglar: pesquerías, protección del mar, calidad del agua, fuentes de ingreso. ¿Qué se necesita para conservarlo?

Miguel señala que el apropiamiento de este conocimiento es medular. Generar el interés, diseminar el conocimiento de forma que los tomadores de decisión, la comunidades aledañas y las poblaciones en general tomemos consciencia de la alucinante importancia de estos subestimados ecosistemas. Gente que se ponga la camiseta, como dice él mismo: que toque puertas, que influya y eduque a todo nivel para que la información se conozca y se genere acción.

Otro aspecto necesario es incluir los resultados de las investigaciones dentro de la contabilidad de las emisiones de gases de efecto invernadero de cada país. Al no tomar en cuenta cuántas emisiones hemos generado al destruir estos ecosistemas, nos estamos engañando con los resultados y fijamos metas de mitigación incorrectas:

Dinero, dinero

El factor económico es lo que, finalmente, parece llamar la atención y motivar acciones. Y aún en ese sentido el valor de estos humedales es impactante. Fomentar su conservación y uso sostenible puede verdaderamente traducirse en un beneficio económico local, nacional, regional e incluso global.

Si bien el valor de los servicios de estos ecosistemas ya ha sido cuantificado en términos monetarios y es muy alto, esta información no ha sido incorporada en las cuentas verdes de los países. Eso daría la impresión de que es más lucrativo promover la construcción de marinas que promover un parque de manglar, por ejemplo.

Cambiar el modelo, y mirar la evidencia: la conservación de los ecosistemas marino-costeros, y los manglares especialmente, es necesaria, es urgente y nos beneficia a todos.

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