“Fue como unir un rompecabezas“

“Fue como unir un rompecabezas“

Gladys Martínez, AIDA

Gladys Martínez

Gladys Martínez

El conocimiento es el que abre la primera puerta. Incluso cuando existe la voluntad, muchos procesos jamás darían comienzo sin los datos necesarios y las justificaciones de rigor. Este es el caso de la conservación de los arrecifes de coral en Costa Rica. Son de vital importancia para la salud de los océanos. Funcionan como un criadero de muchas especies de interés comercial, además de brindar servicios de protección, recreación y turismo. Constituyen, en definitiva, un confiable indicador de la salud general de los océanos.

Para trabajar en la conservación de estos ecosistemas a lo largo de todo el país, Conservación Internacional necesitaba encontrar un enfoque internacional y de Derecho Comparado. Descubrir si existía alguna regulación que obligara a proteger los arrecifes y formaciones coralinas. Fue la Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente (AIDA) quien abrió esta puerta. De acuerdo con Gladys Martínez, abogada senior de esta organización, Costa Rica sí debe cumplir los compromisos internacionales que ha adquirido y crear un reglamento efectivo para la protección de sus arrecifes de coral.

¿Cuáles son estos compromisos que el país debe honrar?

Encontramos una lista de normativas que exigían al Estado desarrollar una herramienta para la protección de los corales. La de prevenir y reducir la contaminación, la de dar prioridad a la conservación de estos arrecifes por ser ecosistemas frágiles, y la obligación de contar con legislación apropiada y efectiva para la protección.

¿Por qué es tan fácil para un país firmar un compromiso internacional para después no cumplirlo?

El Derecho Internacional surge de la voluntad de los estados. No están coaccionados porque hay un principio de respeto a la soberanía. Los estados firman voluntariamente los tratados, pero no hay una fuerza, un músculo que los obligue realmente a cumplir. Es un compromiso sin castigo por incumplimiento.

El incumplimiento resulta extraño en un país que es punta de lanza en el tema de la conservación ambiental.

En Costa Rica hemos hecho avances grandísimos en el cumplimiento de obligaciones a nivel nacional basadas en tratados internacionales. Tuvimos un caso de baulas e incluso un caso de acuicultura en los que la sala Constitucional ha basado sus argumentos en convenios internacionales. Es muy importante que exista una ratificación tras la firma, porque si no se da, la obligación es menor, por decirlo así. Costa Rica ha ratificado casi todos los tratados internacionales y eso le crea una obligación legal y también política.

Parece que las instituciones que debieran acatar estos acuerdos, requieren mucho más conocimiento.

Al principio hacía falta conocimiento y educación. Sensibilización es la palabra. Estaban en nivel cero. Cuando supieron que sí había obligaciones del Estado y que la situación de los corales era tan mala fue como unir un rompecabezas. A partir de ahí sí hubo voluntad y empezamos a trabajar súper bien con ellos. Donde se traba todo es en la parte burocrática. Mientras lideró el viceministerio de Aguas y Mares todo el proceso fluyó pero cuando empezó a pasar de un departamento a otro se trabó. Hay muchos revisores.

¿Entonces todo está en punto muerto ahora mismo?

Desarrollamos un montón de talleres y reuniones educativas para mostrar la situación de los corales y su necesidad de protección extrema. Todos los tomadores de decisiones necesitan datos científicos para justificar por qué están legislando de una forma u otra. Dimos educación legal sobre las obligaciones internacionales del país. Trabajamos muy de la mano con el viceministerio de Aguas y Mares desarrollando una herramienta legal que debería firmar el Estado pero que ahora mismo está de un escritorio a otro. Estamos muy preocupados.

Parece fundamental que organizaciones independientes puedan buscar este tipo de acuerdos y se aseguren de que no queden solamente en el papel.

Definitivamente creo que las ONGs debemos tratar de respaldar y educar a los tomadores de decisiones. En este caso ellos no estaban conscientes de la importancia (de los arrecifes de coral) y tampoco sabían cómo los podían proteger. Fueron muy abiertos, muy claros y muy sinceros y nos preguntaron en base a qué hacer las normas. Las ONG deben ser educadoras y al mismo tiempo conciliadoras entre las mismas instituciones. Nosotros trabajamos con Incopesca, con el MINAE, con Aguas y Mares, con el SINAC y jugábamos un rol de comunicadores entre las instituciones y eso ayuda a que avance. Somos comunicadores, educadores, sensibilizadores.

Actualmente CI y AIDA continúan trabajando con los nuevos jerarcas del MINAE y el viceministerio de Aguas y Mares en la aprobación del decreto. Cuando sea aprobado, se trabajará en la implementación del mismo en zonas especialmente afectadas.

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