“El turismo crudo se va, el voluntariado persiste“

“El turismo crudo se va, el voluntariado persiste” Didiher Chacón, Director de Widecast Costa Rica

Didiher podría vender hielo en el polo norte. Entusiasta, enérgico, dicharachero… El responsable de Widecast Costa Rica y coordinador de la organización para América Latina lleva 27 años trabajando en el terreno de las Ciencias Marinas, como educador y miembro de distintas ONG. Habla con pasión (y sin freno) de la organización que preside, del trabajo con voluntarios y de sus impresiones sobre el sistema de conservación en el país.

A juzgar por los proyectos desarrollados, la labor de Widecast va mucho más allá de la protección de las tortugas.

Nosotros trabajamos con un enfoque ecosistémico. Vendés las medidas de conservación a través de las tortugas porque tienen el atributo de ser carismáticas como los pandas, los elefantes o las ballenas, pero además con tu enfoque llevás a cabo una protección global.

Todo el mundo que opera con comunidades en el litoral destaca la necesidad de vencer ciertas suspicacias entre la población. ¿Cómo fue en el caso de Widecast?

En Osa, como en cualquier otro sitio, ha habido que romper paradigmas sociales. A los ticos no nos enseñan a ser emprendedores. Sobrevaloramos los riesgos, tenemos miedo de invertir; interpretamos los negocios de modo personal, sin proyectarnos y valorar los mercados. El temor nos lleva a maximizar los riesgos.

En este caso el miedo afectaba también a dejar una actividad como la pesca y apostar por el turismo y los voluntarios. ¿No faltaba una formación previa?

Claro. Nosotros tuvimos que brincar brechas de lenguaje, de conocimiento. Tender puentes. Aquí hay un déficit enorme entre quien prepara y la realidad. Hemos tenido la experiencia de guías locales preparados por el INA que a la hora en que son evaluados por la crudeza del mercado no salen bien. Nosotros tenemos evaluaciones que ajustan esas cosas. Gracias a la formación, por ejemplo, capitanes que toda su vida habían mojado la cuerda hoy son capitanes de bote turístico. Los veías todo serios, inertes y hoy los ves muertos de risa, vacilando con las tonterías que hacen los chiquillos en el bote. Se tiran al agua, hacen chistes, sacan fotos a los que se duermen…

Pagando por trabajar

¿Y toda esa inversión en aprendizaje e infraestructuras no corre peligro ante una eventual crisis de voluntarios?

El tema es con quién hablés. La gente con quien yo trabajo no creen que el voluntario sea un mero turista. El turismo crudo se va, el voluntariado persiste. La evolución de la sociedad, incluso la sociedad costarricense en los últimos 3 años ha comenzado a volver la vista hacia el bienestar animal. Es algo que ya sociedades desarrolladas lo tienen. El voluntariado para bienestar animal que es como se vende, no es turismo, porque la gente viene a pagar para que los pongan a trabajar. Eso es ilógico. Para nosotros los latinos es ilógico. ¿Cómo que además de que yo voy a trabajar 8 horas diarias le tengo que pagar? Y nosotros trabajamos en esa ilógica y nunca desde 1990 cuando yo trabajo con voluntarios he tenido una crisis de voluntarios.

Es increíble que haya gente que de verdad está dispuesta a pagar por trabajar

Es un esquema ilógico para las fuerzas de mercado. Que el cliente me pague para que yo lo ponga a trabajar, y duro. Entonces, no espero que se comporte como el turismo. Aunque obviamente ese es un tipo de voluntario. Pero pasa, pasa. Recuerdo una familia de un viaje organizado por un acuario de Georgia. Señoras de 50 años, grandes. Mirá, las mujeres más felices, más sonrientes de estar embarrialadas. Porque eran gente de la computadora. Y admiraban la vida marina pero nunca habían tenido la oportunidad de estar en eso.

Ese no será el tipo de público habitual.

Hay de todo. Llegan estudiantes de Biología que solo han visto tortugas marinas detrás del cristal de un acuario y que aquí la sacan del mar, la miden, la pesan, le sacan sangre y tejido, van a sembrar mangle, bucean… Y cuando están en el mar, las ballenas jorobadas brincan detrás de ellos o pasa el tiburón ballena.

¿Y la comunidad no está molesta porque ustedes solo elijan a ciertas personas para ofrecer alojamiento a esos voluntarios? ¿No hay más gente que reclama tomar parte en el negocio?

Es que el negocio no está en el albergue. En el albergue vos tenés que poner todo: la cama, el colchón, las sábanas, el abanico, la electricidad, la comida. El mejor negocio es guiar. Usted para guiar ocupa sus zapatos y unos binóculos nomás. Pero hemos entrenado a la gente también para que haga artesanías. Entonces hemos hecho 3 ciclos de artesanías con fondos de CI, eso nos lleva a la diversificación del producto. El turista tiene la opción de comprarse una camiseta, un collar hecho por la comunidad, irse a dar un tour a la playa o ir a ver aves. Y vas fragmentando hasta que todo lo que traía para invertir lo dejó en la comunidad. La comunidad tiene que convencerlo de que compre lo que le están vendiendo.

Diversificar, al fin y al cabo.

Exacto. Nosotros creemos que con esa alternativa, la evolución es que alguna parte, un segmento de la comunidad, pueda aprovechar también el producto de los que se quedan pescando para vendérselo a los mismos voluntarios. Eso enlaza además con nuestra campaña de pesca sostenible, para asegurarnos de que la pesca se de en unas condiciones que garanticen un futuro.

¿Puede un proyecto como este verdaderamente garantizar ese futuro para la comunidad?

He visto a la gente cómo vive. Cuando yo llegué ahí, a playa Blanca, donde operamos, me tiró a la costa una tormenta, con la tripulación. Estábamos estudiando las tortugas. Bajamos 4 tortugas a la playa para marcarlas y apareció una señora bravísima, “¿Qué están haciendo con los animales?“. Osa tiene la salvedad que la gente es muy pro conservación. Y después de que nos regañó y le contamos lo que hacíamos, a la hora apareció con café. Estábamos empapados. Nos ofreció café y nos pasó adelante. Esa señora fue socia del proyecto un año, y ella fue la que creó uno de los primeros albergues. Ella nos contó ese primer día que se moría de hambre. Que había días que no tenía qué comer. Por los esquemas, el abandono del turismo, el falso enfoque… No hay quien dirija ese desarrollo ahí. Nosotros hemos tomado en esa comunidad la rienda. Queremos ser un modelo de trabajo.

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