Nuestro mar: la incertidumbre del 2015

Escrito por Marco Quesada, Director Conservación Internacional en Costa Rica

El Presidente de la República no me cae mal. Aprecio que no hable con el tono de los políticos de toda la vida. Pienso que es una persona inteligente y articulada.

Segmento de un comunicado oficial del gobierno de Costa Rica

Segmento de un comunicado oficial del gobierno de Costa Rica. http://bit.ly/21w11jb

Sin embargo creo que su gobierno no ha manejado bien el tema ambiental. El marino en particular. Cuando menos, ha habido un enorme problema de comunicación y eso ya es un gran problema. Creo que en general el gobierno actual ha mostrado una enorme incapacidad para recibir críticas sobre su administración de los recursos y espacios marinos. Se sufre de intolerancia a la crítica. Los cuestionamientos no abren debates, sino que son rápidamente calificados como “malintencionados” y “falsos”. Ninguna política es inmune a la crítica, sin embargo nuestro gobierno, al recibirla, insiste en calificarla como perversa; esto sólo sirve para que quienes la reciben la evadan. No se explican cuáles son esas “malas intenciones” con las que descalifican la crítica. Sin evidencia, la discusión desaparece y los argumentos pasan al campo de la fe. Quedamos obligados a creer en lugar de entender.

Fe vs Ciencia

Por un lado, y de manera abierta, el gobierno asegura que le interesa proteger el valor de la información científica. No obstante, parece que cuando esta información apunta en una dirección contraria a su pensamiento, la misma se descarta con la misma facilidad con la que se evade la crítica. Ejemplo de esto es cuando el gobierno decidió apartarse, a inicios del 2015, del criterio de un comité científico (CRAC-CITES) que recomendó no exportar un cargamento de aletas de tiburón martillo. En desacuerdo con esto, se separó de la recomendación del comité y la exportación se dio sin mediar mayores explicaciones. Solo se dijo que la exportación se permitía para proteger a los pescadores artesanales del país.

Nuestro gobierno autorizó la exportación de aletas de tiburón contra la recomendación científica. http://www.elfinanciero.com.mx/mundo/costa-rica-exporta-900-kilos-de-aletas-de-tiburon-e-ignora-proteccion.html

Nuestro gobierno autorizó la exportación de aletas de tiburón contra la recomendación científica. http://bit.ly/1Dks7jf

No obstante, los mismos escasos datos de INCOPESCA muestran que la pesca de tiburón martillo en 2012 fue de solo 1.7% de las capturas totales del país y que los tiburones y aletas descargados fueron pescados por la flota palangrera nacional, no por la artesanal de pequeña escala. Cuando se critica esta inconsistencia, responden que la decisión fue legal. Pero el que sea legal (y esto es debatible) no es lo mismo que decir que su actuar se apegue al conocimiento científico disponible ni mucho menos que haya sido una explotación sostenible. Mirando de cerca, la recomendación del comité de expertos fue descartada no por los datos sino por la opinión del INCOPESCA, una institución que sufre de muchos males empezando por la falta de información.

A diferencia de la fe, la ciencia se basa en datos que comprueben los hechos, no en la creencia de que todo cuanto diga una figura de autoridad es verdad absoluta.

Ojos que no ven…

Cuando el gobierno sí hace uso de la ciencia es para decir que no hay suficientes datos y se argumenta incertidumbre científica. En otras palabras, si los datos indican una tendencia, pero no son concluyentes, se indica la necesidad de generar más datos. Por ejemplo, todo indica que el Golfo de Nicoya sufre de sobre explotación de sus recursos. Pero como no tenemos suficientes datos, se argumenta incertidumbre y no se evade la toma de decisiones difíciles. Como no estamos seguros mejor dejamos todo como está. Parecido a descubrirse un bulto en el cuello pero no ir al doctor porque ‘no debe ser nada’.

Las especies marinas de mayor valor comercial en el golfo de Nicoya sobrepasaron su nivel de sostenibilidad biológica y económica. Se proyecta que sus poblaciones colapsarán antes del 2020.

Las especies marinas de mayor valor comercial en el golfo de Nicoya sobrepasaron su nivel de sostenibilidad biológica y económica. Se proyecta que sus poblaciones colapsarán antes del 2020.

Ante las dudas, tampoco invertimos en ciencia para resolverlas. Continuamos subsidiando combustible para pescadores (ciento doce millones de dólares entre 2006 y 2012) sin hacer preguntas, pero no invertimos en ciencia para despejar las dudas. Es un círculo vicioso: ‘no sé, pero no quiero averiguar’. Esta política del ‘dejar hacer’ ha sido la marca que ha dejado el INCOPESCA desde su creación.

Excusas sin vergüenza 

Algunas industrias pesqueras, como la palangrera y camaronera, se benefician abiertamente de la inacción estatal y muchos pobladores costeros sufren sus consecuencias. Los sectores pesqueros poderosos, los que bloquean calles y se sientan en la Junta Directiva del INCOPESCA, disfrutan de una posición privilegiada en la política del ‘dejar hacer’. Se privatizan las ganancias y se socializan las pérdidas. Por ejemplo, ante una consulta hecha al INCOPESCA sobre el sustento técnico (osea, la ciencia que respalda una decisión) usado para otorgar licencias de pesca con palangre, responden que ‘no tiene información’ puesto que las mismas fueron otorgadas antes de que la institución se creara. La autoridad tiene la responsabilidad de ordenar las pesquerías del país ¿!No tiene información!? ….La excusa no les produce ni sonrojo.

Otro ejemplo: la Sala Constitucional indica el cierre de la pesca de arrastre en Costa Rica. Una práctica pesquera que ha generado embargos internacionales pero que nunca antes ha sido sancionada por el INCOPESCA, pese a que la institución sabe del enorme daño ambiental que esa actividad genera. Ante la acción de la Sala, el gobierno inventó , disfrazado bajo un proceso de “diálogo”, un proyecto de ley para reabrir la pesca de arrastre. El proyecto no se sostiene sobre ningún sustento científico que garantice sostenibilidad ambiental. El ‘dejar hacer’ no lo requiere.

Ahora el Presidente, mal asesorado, ha dicho: ‘no vamos a dejar a nuestros pescadores y a nuestras pescadoras en la indefensión por temas ambientales’, como si los peces y los pescadores que los capturan existieran en universos distintos. ¿Será que la sobrepesca es más bien un síntoma de un problema más grande? ¿De nuestra miopía al ver el mar y no poder ver hacia el futuro?

Más recursos pesqueros deberían significar más empleos. Pero para que haya más recursos debe haber regulación efectiva, basada en ciencia y rendición de cuentas. No alcahuetería. La dirección contraria, la de llevar a los recursos a su agotamiento y a las comunidades a la desesperación, solo va a aumentar los conflictos. El ‘dejar hacer’, como el no hacer nada, también son decisiones. Es hora de que las reevaluemos.

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