De uñas pintadas y manos sucias: ciencias y feminidad

Escrito por Melania Guerra, Ph.D. Oceanógrafa

La relevancia que tienen la investigación científica y tecnológica para la sociedad y los grandes impactos que generan para el progreso de la humanidad, son bien conocidos. Por lo tanto, se pensaría que es obvio afirmar que entre más personas se dediquen a estos campos… ¡mejor! Especialmente si cada una contribuiría talentos únicos y especiales. Sin embargo, históricamente las barreras en el mundo científico han apartado, aislado o ignorado las valiosas contribuciones de las mujeres, símbolos de una desigualdad que lamentablemente no es solo exclusiva de dichas profesiones.

Ingenuamente, desde mi visión de niña, crecí desconociendo esas limitaciones de género que son arbitrariamente impuestas. Me enamoré de la ciencia, como se enamora uno del chocolate: porque me parecía deliciosamente placentero escuchar las historias de exploración del arqueólogo Heinrich Schliemann, las aventuras en altamar de Jacques Cousteau y las hazañas fuera de la atmósfera terrestre de Franklin Chang-Díaz, emociones que trascendían las divisiones de género. Todos mis modelos a seguir eran coincidentemente hombres, pero nunca me detuve a preguntar si eso hacía una diferencia o si emularlos era compatible con mi identidad como mujer.

Décadas después, cuando eventualmente me convertí en una versión fusionada de los personajes que admiraba, no pude continuar escapando del contraste que ser mujer y científica implica ante los ojos de algunos. Una de las primeras veces en especial me causó una gran impresión. Ocurrió durante una gira de trabajo de campo, justo después de atender a la boda de una buena amiga. Como líder de la expedición, me reuní esa mañana con mi equipo, todos hombres, para repasar las instrucciones sobre la ruta que íbamos a navegar y cómo recuperar unos instrumentos que habían estado sumergidos en el fondo del mar por un año. Una vez aprobado el plan, pregunté si quedaba alguna duda o consulta. Uno de ellos levantó la mano, y muy consideradamente señaló que yo llevaba las uñas pintadas y que si prefería no ensuciármelas, ellos podían hacer el trabajo por mí mientras yo esperaba en tierra.

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Siempre entendí que su intención fue noble y su ofrecimiento generoso, pero hasta el día de hoy, no puedo evitar que el comentario me infunda sentimientos de expectativas de mujer femenina y delicada, y que esa imagen sea considerada incongruente con la aventura y emoción extrema de querer ser una jugadora principal en las ramas de la ciencia. Tal vez fue señal de rebelión o de anarquía, pero ese día disfruté más que nunca el ensuciarme las manos escarbando entre toda la acumulación de microorganismos y algas que se adhieren a los aparatos tras estar mucho tiempo en el ambiente marino. El manicure no pasó más allá de ese día, pero nunca temí que mi feminidad se lavara tan fácil como las manos, ni que ensuciarme arriesgara mi identidad como mujer.

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382500_10101664601292494_2060981641_nEstudios socioeconómicos demuestran que las mujeres que se forman en carreras de ciencia e investigación no sólo ayudan a comprender y proteger el mundo que nos rodea, sino que también gozan de una grata satisfacción personal, producen bienestar y mejoran la calidad de vida de las comunidades en que viven. Por lo tanto, esfuerzos globales como los Objetivos de Desarrollo de la Agenda 2030 enfatizan la lucha por la igualdad de género en el ámbito científico como uno de sus propósitos principales, enfocándose en aumentar la participación de las mujeres y las niñas en la ciencia con miras a lograr un acceso igualitario a estas disciplinas. Por ello, además de celebrar hoy el Día Internacional de la Mujer, hace tan solo unos meses la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la designación del 11 de Febrero como el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia.

Aunque crecí admirando y anhelando ser como hombres inspiradores, es fundamental para todos nosotros (tanto hombres como mujeres) tener ejemplos de mujeres fuertes y capaces en posiciones de liderazgo en las ciencias. ¡Y vivimos en una nueva era en la que ese tipo de mujeres son más visibles que nunca! Investigadoras con esencia, carisma, sensibilidad y entrega que sirven de modelo para darnos a entender que características como el género o la raza no determinan el desempeño de las personas en esos oficios, sino que enriquecen las perspectivas desde las que se pueden resolver problemas y la creatividad con que se puede aportar soluciones. Celebremos hoy por esas grandes mujeres que afrontan los inmensos retos de innovar, creando un futuro colorido y brillante. Como mis uñas.

 

 

 

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