Nueva alianza de CRUSA – Conservación Internacional Costa Rica potenciará negocios sostenibles para la exportación

MarcoQuesada_directorCICostarRica, David Gutiérrez presidente CURSA, Patricia Madrigal Presidenta Junta Admin de FUNBAM y Pedro Beirute Gerente General PROCOMER

Los océanos y sus costas son la base de gran parte de la economía y cultura mundial. Cerca del 40% de la población del orbe vive en los primeros 100 metros desde la línea de costa, y el impacto de sus actividades ha destruido el 20% de los manglares, poniendo en riesgo inminente el 60% de los arrecifes de coral en los trópicos.

CRUSA se alía con Conservación Internacional como socio ejecutor para promover un modelo de Crecimiento Azul en las costas de Costa Rica y desarrollar una oferta de bienes exportables y de consumo para el mercado interno, diferenciada por criterios de sostenibilidad multidimensional. La iniciativa busca consolidar los beneficios económicos del mar mediante el impulso de empresas azules sostenibles.

Se buscará aumentar la competitividad de la actividad pesquera de exportación mediante la creación de sistemas de denominación de origen; concretamente, se propone la implementación de dos sistemas de trazabilidad de productos pesqueros consolidados, como lo son el camarón y el pargo, que permitan un control total de principio a fin en la cadena, cumpliendo así con normas internacionales, aplicadas por nuestros principales socios comerciales.

Los sistemas de trazabilidad permiten que cuando se detecta un problema con un determinado producto, en un supermercado por ejemplo, se pueda retroceder con exactitud para saber cuál fue el embarque, de dónde y cuándo salió, cuál es la empresa exportadora, el lote del producto y definir el origen del problema para solucionarlo.

“En Conservación Internacional estamos muy complacidos de formar una alianza con una organización tan sólida y con la trayectoria de Fundación CRUSA. El proyecto Crecimiento Azul nos da la oportunidad de trabajar con otras instituciones en modelos de negocio vinculados a la pesca, así como de desarrollar trabajo sobre la cadena de valor y consumo local sostenible. Es una iniciativa innovadora que acerca la visión de sostenibilidad de Costa Rica a nuestros mares, promoviendo el crecimiento económico de la mano con la protección de los océanos”, indicó Marco Quesada, Director Conservación Internacional Costa Rica.

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De estudiante a científico

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Escrito por Andrés Beita-Jiménez

Desde un aula en San José, un profesor nos explica lo importantes que son los arrecifes de coral. Él hace su mejor esfuerzo  por transmitirnos lo que sabe, nos pone ejemplos de la teoría generada en Australia, Estados Unidos o Europa y de los avances que ha hecho Costa Rica en esta materia, y lo que es aún mejor, nos cuenta historias de sus experiencias en diferentes arrecifes del mundo. Algunos estudiantes, los que soñamos con algún día ser buenos biólogos marinos, quedamos fascinados con tan interesantes sistemas, añorando poder entenderlos de la manera que lo hace el profesor. El problema es que estamos lejos del mar, yo no me topo un coral de manera tan fácil como me encuentro con un árbol, mucho de lo que ese día aprendimos estaba destinado a ser olvidado.

Hace tres años, aquel mismo profesor me ofreció ser su asistente en un proyecto de arrecifes de coral. Estaban montando un programa de monitoreo conjunto entre el Centro de Investigación en Ciencias del Mar y Limnología (CIMAR) de la UCR y Conservación Internacional, una gran oportunidad para mí. ¡Por fin llegó mi primera salida al campo!

Recorrimos varios arrecifes en Osa, yo no era muy buen buzo, me asustaba fácilmente con el oleaje, la corriente o cuando el agua no estaba muy clara. Mi trabajo era identificar, contar y medir peces bajo el agua, mis datos estaban llenos de dibujos de peces que no era capaz de identificar. Pero poco a poco fui aprendiendo, y empecé a ser de esas personas que ya no limitan su conocimiento a lo que leyeron en un libro o a lo que aprendieron en un curso, ahora era un estudiante que conocía los peces  y había experimentado los arrecifes coralinos.

En medio de ese proceso de crecimiento se me cumplió el sueño de todo estudiante de biología marina, quizá de todo costarricense, me invitaron a ir a la Isla del Coco. De un momento a otro, aun sin creérmelo, estaba buceando en un paraíso, rodeado de arrecifes coloridos, nadando con tantos tiburones como si fueran palomas en la plaza de la cultura. Lo mejor de todo es que estaba con científicos reconocidos, de igual a igual tomando datos como si yo fuera uno de ellos. Era abrumador tratar de contar tantos peces, era difícil no distraerse  con esa emoción nerviosa que se siente cuando un tiburón tigre pasa cerca, pero era también halagador que se me confiara un trabajo tan importante.

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Hoy vengo llegando de mi tercera expedición a la Isla del Coco, he aprendido a identificar, contar y medir peces, pero al final eso termina siendo lo de menos. En conjunto con un grupo de compañeros, profesores y colegas hemos publicado tres artículos científicos en el marco de este proyecto de monitoreo, con lo cual aportamos al conocimiento y conservación del mar. Acompañado de los mejores instructores, he logrado bucear en condiciones difíciles con confianza y tranquilidad. Hoy entiendo mejor cómo funciona el mar, sus corrientes, los arrecifes coralinos, he estado lo suficientemente cerca de un gran tiburón y lo he visto en su ambiente natural como para entender por qué son importantes. He crecido de un estudiante inseguro a un científico que sabe que su trabajo es valioso.

La biología no se aprende en las aulas, las oportunidades que como estudiante me han dado son las que hoy me dan confianza y conocimiento, he aprendido de los mejores en los mejores lugares. Hoy recuerdo aquellas primeras clases de arrecifes coralinos, ahora he vivido algunas de las fascinantes historias de mi profesor, ahora lo que he aprendido está destinado a quedarse en mi mente por mucho tiempo. Hoy  yo también puedo aportar con mi experiencia y mi propio criterio, hoy estoy más encaminado a ser aquel buen biólogo marino que sueño llegar a ser.

Un lugar que no te puedes imaginar

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Escrito por Juan Pablo Caldas Aristizábal

Desde que escuchas sobre la Isla del Coco, te imaginas muchas cosas… un lugar alejado, remoto que no esperas conocer y que ojalá algún día tengas la oportunidad de ver con tus propios ojos. Llegar a San José de Costa Rica sabiendo que vas para esta isla, se vuelve un viaje con muchas expectativas en el que se vienen a tu mente diferentes imágenes de este lugar único, las cuales se empiezan a confundir en un trayecto, primero hasta Puntarenas y luego en barco por unas 36 horas… que se vuelven eternas. Cuando llevas 24 horas de viaje y te acuestas esa noche sabiendo que al otro día vas a estar en la isla, no es fácil conciliar el sueño, pero finalmente llega ese momento y sales de tu camarote con la luz del día y ves el barco acercándose a la Isla del Coco, más grande de lo que pensabas, muy verde y con nubes encima de ella. Es un paisaje mágico.

El barco apaga motores y es increíble que ya vas hacer tu primer buceo para verificar tu equipo y flotabilidad… el agua tiene una visibilidad asombrosa, la cual se vuelve gratificante cuando te sumerges y empiezas a ver muchos peces y tus primeros tiburones martillo, nadando calmadamente y pasando tranquilos no muy lejos de ti; sales del agua y piensas… ya estoy acá, no lo puedo creer.

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Con el pasar de los días, ayudando en la expedición científica, no hay momento en el que no veas cosas nuevas… bueno, todo es nuevo para ti; ver las cascadas cayendo al mar en diferentes lugares de la isla cuando vas en lancha, divisar esa niebla que se forma en la parte alta de las montañas que parece de película de terror, y sentir la constante lluvia que oscurece el día y lo vuelve intrigante. En el agua ves esos grupos de tiburones martillo, a los tiburones tigre que acompañan y vigilan los monitoreos, y hasta puedes toparte con un delfín en el agua… ¿qué puedes decir?… te quedas sin palabras.

La Isla del Coco es un lugar donde tus sentimientos se encuentran y donde puedes llegar a entender la naturaleza es la fuerza que ayuda a mantener este planeta vivo. 

Anécdotas de una mujer científica: María Claudia Díazgranados

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ESCRITO POR MARIA CLAUDIA DIAZGRANADOS

Toda la vida quise hacer investigación y el mar para mi era mi fuente de inspiración. Aprendí a bucear desde pequeña y eso me abrió la visión del mundo. Siempre estuve en contacto con la naturaleza, mi familia tuvo una finca con caballos y muchas plantas y creo que ese fue el vínculo que me inspiró a tratar de hacer algo por conservar esa lindo planeta.

En Colombia hacer investigación no es fácil, mucho menos en el campo marino y más aún siendo mujer. Nuestras culturas son muy machistas, y eso hace que se te cierren muchas puertas, no llegas muy arriba (a menos que tengas buenos contactos).

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Trabajando con manglares y carbono azul en América Central

 

Escrito por Miguel Cifuentes, Programa Cambio Climático y Cuencas CATIE
Miguel Cifuentes trabajando en los bosques de mangle de América Central

Miguel Cifuentes trabajando en los bosques de mangle de América Central

Empecé a trabajar con manglares y carbono azul en el 2012 después de escuchar sobre una reunión en este tema en Indonesia. Sabía que no se había realizado ningún trabajo similar en América Central y reconocí el enorme potencial no explotado que tienen los manglares en la región, asegurando servicios ecosistémicos, proveyendo mitigación y adaptación ante el cambio climático, y apoyando el desarrollo de las comunidades costeras locales. Este tipo de “ganancia cuádruple” simultánea solo se da en los bosques de manglar; uno de los motivos por los que trabajar con ellos es tan interesante y gratificante. A pesar de su increíble importancia, parece que los hemos dejado en un “limbo”: han sido ignorados por biólogos terrestres e ingenieros forestales, esquivados por biólogos marinos, los hemos dejado para ser degradados, sobre explotados y agotados para promover otros usos de la tierra “más productivos”. Sigue leyendo