Alegría que puede contabilizarse

Escrito por Andrés Beita, biólogo marino

¿Quién no disfruta de un paseo el fin de semana? En Agosto pasado aproveché el día de la madre y el cumpleaños de mi papá y me fui con mi familia a los alrededores de la Isla del Caño en busca de ballenas.

Entre agosto y octubre de cada año el país es visitado por ballenas jorobadas (Megaptera novaeangliae) que viven en las aguas frías del hemisferio sur, vienen a aparearse y a parir a sus crías en nuestras tibias aguas tropicales.

La ansiedad de la espera

Salimos del pueblo de Sierpe, cruzando los esteros que nos llevaban al mar sin dejar de admirar el impresionante bosque de manglar que rodea el delta de los ríos Sierpe y Térraba, el manglar más grande de todo Centroamérica.

Una vez en el mar, todos en el bote creían ver una ballena en cada tronco flotando o en cada sombra de las olas. Había gran ansiedad, todos queríamos saber en qué momento y lugar podríamos ver la primera ballena.

Impresionante Sierpe, Bahía de Drake, Isla del Caño. Foto por Marco Quesada.

Impresionante Sierpe, Bahía de Drake, Isla del Caño. Foto por Marco Quesada.

¡Ojo!

La espera terminó, a los lejos se podían ver los soplidos de un par de ballenas cerca de un bote que las seguía lentamente, así que nos acercamos. Por un momento hubo tranquilidad mientras los animales buceaban en algún lugar cerca de nosotros, pero luego salieron, ¡y para nuestra sorpresa no eran dos, era un grupo de siete adultos que salían del agua dando vueltas y mostrando sus aletas!.

Todos estábamos maravillados, yo había visto ballenas en otras ocasiones y aun así no podría creer que tenía tan cerca a estos seres de 15 metros y más de 30 toneladas. Como si eso fuera poco, algunos delfines saltaban detrás de las ballenas, fue un show completo.

Alegría que puede contabilizarse

Muchos extranjeros vienen a Costa Rica a poder apreciar a estos gigantes, según el Instituto Costarricense deTurismo, entre el 2010 y el 2014, se triplicó el número de turistas que entró al país con este objetivo, alcanzando más de 130 mil visitantes.

¿Quién no pagaría por admirarlas?

¿Quién no pagaría por admirarlas?

Esto se traduce en beneficios económicos para las comunidades locales. Bahía Ballena es un ejemplo de esto, donde cerca del 90% de la economía está asociada con el avistamiento de ballenas.

Yo soy biólogo marino y entiendo la importancia de tienen estos animales, pero la oportunidad de observar tal espectáculo de la naturaleza, fue para mi familia el motivo de decir con toda convicción que quisieran que las personas puedan seguir teniendo la dicha de ver a estas ballenas por mucho tiempo más.

Es por esto que existen lineamientos para la observación responsable de cetáceos, si los botes acosan a las ballenas persiguiéndolas o acercándose demasiado poco a poco podríamos ver menos animales en nuestras aguas y esto afectaría gravemente la economía local y la salud del ecosistema, sería como matar a la gallina que pone los huevos de oro.

Yo por mi parte volví a San José con la satisfacción de la experiencia que viví, con la seguridad de que la conservación no capricho de algunos, sino que cuidar recursos como las ballenas es ganancia para todos, es desarrollo.

 

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